Se delimita un espacio de juego con una portería principal en un extremo y dos miniporterías situadas en los vértices del extremo contrario.
Se organizan dos equipos con funciones diferenciadas:
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Equipo atacante (3 jugadores): inicia la acción en superioridad numérica 3×2, buscando progresar rápidamente y finalizar en la portería principal.
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Equipo defensor (2 jugadores): trata de impedir la progresión, proteger la portería y recuperar la posesión.
A partir del inicio de la acción, los tres atacantes desarrollan un contraataque, priorizando la verticalidad, la velocidad de circulación y la ocupación de espacios para superar a los dos defensores.
Si los defensores recuperan el balón, se produce un cambio inmediato de roles, debiendo atacar una de las dos miniporterías situadas en el extremo opuesto del espacio delimitado.
La acción finaliza con un gol, una finalización o la salida del balón fuera del terreno de juego, dando paso a una nueva repetición.